El día que Y. rompió a llorar

por | 10 Ene, 2022 | Reflexiones

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A finales de noviembre me llamó la madre de Y., una chica que cursa 4º ESO y que, según ella, iba regular en Matemáticas, pero aprobando.

Esta madre intuía algo, aunque no sabía decir el qué.

Veía a su hija trabajar y sufrir, a partes iguales, en una asignatura en la que, con mucha suerte, sacaba un 5.

Y. le decía, literalmente, que “no se enteraba de nada” y que no preguntaba dudas porque ella estaba tan atrás en conocimiento matemático que sentía, además, vergüenza de sus propias dudas.

Hablamos, me contó el caso y le dije que aún tenía plazas para atenderla. Se lo pensó y decidió apuntarla conmigo una hora a la semana. Gracias a esta decisión de la madre tuve el placer de conocer a su hija.

Al siguiente miércoles llegaron a mi aula/laboratorio Y. y su amiga D. Ambas habían ido juntas toda la vida, recibiendo la misma educación matemática con el mismo profesorado y exponiéndose a los mismos exámenes. Cuando se sentaron me presenté:

E: “Yo no examino a nadie, mi único cometido es enseñaros Matemáticas, que entendáis lo que hacéis y que, como consecuencia de este trabajo, aprobéis la asignatura. Para ello, necesito confianza plena entre nosotras. La mía ya la tenéis, necesito la vuestra. Cualquier duda, por básica que sea, es necesario que la preguntéis.

No me voy a asustar por ninguna de vuestras dudas. Antes que vosotras, han pasado por aquí cientos de personas que ya me han preguntado todo lo que se podía preguntar. Muy difícil sería que me sorprendierais (aunque todo puede pasar) pero ese no es el tema, lo que yo me sorprenda lo transformaré en aprendizaje también para mí.

Una vez dicho esto, os pregunto: ¿Qué nota habéis sacado en el examen parcial?”

D. contestó que un aprobado, pero Y. no quiso decírmela…

E: “Y., necesito saber la nota, no me voy a asustar. Acabo de darte un discurso sobre confianza…”

Y: “Siento mucha vergüenza, jamás había sacado una nota tan baja… Un 0’5.”

E: “Esa nota y lo que sé de ti nos cuenta una historia. Comencemos la clase. Abrid vuestros cuadernos ESQUEMÁTICA.”

Esa misma tarde, en la clase de una hora de duración nos conocimos y me enseñaron una hoja con once ejercicios que había que entregar, in extremis, a las 23 horas de esa noche. Eran muy sencillos y no sabían hacer nada. Lo intentaban, mezclaban contenidos, resolvían cuando solo había que operar, no identificaban productos notables y evitaban explicarse porque desconocían los vocablos matemáticos que debían usar para comunicarse conmigo.

Eran unas SUPERVIVIENTES DEL SISTEMA.

Acabada la clase, aproveché para enviarle un audio a su madre y darle un DIAGNÓSTICO de su hija en Matemáticas. En 5 minutos de audio casero (suelo hacer audios largos y con mucho contenido) le transmití en qué punto estaba su hija, y cómo podíamos resolverlo.

No obtuve respuesta esa noche, aunque el ‘doble tick’ azul indicaba que había sido reproducido.

Al día siguiente, esta madre me contestó con un audio en el que decía:

“Buenos días, Encarni. Anoche escuché tu audio y luego lo escuché nuevamente con mi hija. Mientras hablabas, Y. asentía con la cabeza y hubo un momento en el que explotó y se echó a llorar. Al terminar el audio me dijo, entre sollozos, que por fin alguien le entendía sin juzgarle y que quería saber Matemáticas de una vez por todas, que no podía disimular más cada día en clase. El temario se complicaba y le pedían un ‘B2’ en Matemáticas cuando ella aun tenía dificultades con el ‘A1’ ”.

Yo también lloré.

¿Qué estamos haciendo mal?

¿Qué podemos mejorar?

¿Con qué herramientas contamos para ayudarles?

Este caso, y otros que te iré contando, fueron el origen de los diagnósticos ESQUEMÁTICA que hago puntualmente.

Desde entonces, Y. viene 2 veces a la semana a mi aula, habla más tranquila cuando hace una propuesta ante un ejercicio de Matemáticas y se mueve por el cuaderno ESQUEMÁTICA magistralmente.

Distingue operaciones de ecuaciones, identifica los productos notables, deduce m.c.m. en fracciones algebraicas y participa en la clase de su instituto ya que ahora sigue la explicación de su profesor, el cual no puede parar y esperarle porque el sistema tampoco se lo permite.

Y. aprobará la asignatura, con nota.

Hemos devuelto al sistema a una alumna que se había salido en algún punto en el que no supimos darnos cuenta. Debimos activar en ese momento los recursos necesarios. Estos recursos SIEMPRE pasan por la actuación personalizada, porque cada niña/o es única/o y tiene unas necesidades específicas.

Lo más importante es que, tras rescatarla al sistema, tenga las herramientas suficientes para seguir en él del modo más autónomo posible, dentro de su rol de estudiante. Este fue uno de los motivos por los que creé los cuadernos ESQUEMÁTICA, para que sea el punto de encuentro entre su profesor y ella.

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